Los lácteos, últimamente, se encuentran cada vez más en la picota de muchos debates y discusiones. Unos sostienen que son perjudiciales y que provocan un gran daño a la salud. Otros insisten en sus bondades como fuente de calcio y vitaminas.

Por lo tanto, es probable que tengas serias dudas sobre si leche es buena o mala para la salud.

En el post de hoy, vamos a analizar a fondo esta cuestión. También profundizaremos en los diferentes tipos de leche que pueden encontrarse en el mercado y las diferencias que existen entre ellas.

Beneficios de la leche

Si te preguntáramos cuáles son los principales beneficios de la leche, seguramente nos responderías inmediatamente: «es una excelente fuente de calcio». Este mineral es sumamente importante, porque fortalece los dientes y los huesos. También se cree que ayuda a evitar la osteoporosis a medida que envejecemos.

Otro argumento conocido es que la leche resulta fundamental para el crecimiento de niños y jóvenes. De hecho, cuando existen hambrunas, nos solemos escandalizar diciendo que «los niños ni siquiera tienen leche para beber». Con esto queremos subrayar que se trata de un alimento fundamental para su desarrollo.

Otras virtudes que se les atribuyen a los lácteos es que aportan proteínas, probióticos y diferentes vitaminas, sobre todo del grupo B.

Críticas a los lácteos

Los detractores de la leche también esgrimen sus argumentos. Por un lado, aseguran que la galactosa, un azúcar simple que contiene esta, fomenta procesos inflamatorios en nuestro cuerpo. Como es sabido, la inflamación junto con el «estrés oxidativo», se presumen en el origen de muchas enfermedades graves de nuestro tiempo. Entre ellas estarían la diabetes, el cáncer o enfermedades degenerativas como la esclerosis múltiple o el Alzheimer.

Los críticos con los lácteos también aseguran que son dañinos para nuestro sistema gastrointestinal, produciendo alergias y digestiones pesadas y dañando la flora intestinal. Como vimos en nuestro artículo sobre los probióticos, esta es fundamental para nuestras defensas.

Como no podría ser de otra manera, como producto que contiene grasas animales saturadas, se acusa a la leche de elevar los niveles de «colesterol malo» HDL.

¿La leche es buena o mala para la salud?

Viendo ambas argumentaciones no es de extrañar que estés hecho un lío y no tengas claro si realmente la leche es buena o mala para la salud. Tampoco ayuda que parezca haber estudios científicos para sustentar ambas argumentaciones.

Sin embargo, si queremos contestar a la pregunta correctamente, tal vez deberíamos decir que depende de qué tipo de leche, quién la tome y en qué cantidades. Analicemos esto un poco más a fondo.

Qué tipo de leches existen en el mercado

Lo primero que hay que destacar, es que se comercializan tipos de leche muy diferentes. De más a menos procesados tendríamos:

  • UHT. Las siglas UHT vienen del inglés y significan «temperatura ultra elevada». Es la típica leche que encontramos en Tetra Brik o botella de plástico. No necesita frío y tiene una fecha de caducidad larga. El UHT es un proceso de esterilización mediante el cual se calienta la leche por unos segundos a temperaturas de alrededor de 150 grados, a la vez que se le inyecta vapor de agua. Después se vuelve a enfriar. Con ello se eliminan las bacterias patógenas, pero también todas las demás que resultan beneficiosas para nuestro organismo. Es, por así decirlo, la forma más «desnaturalizada» de la leche.
  • Pasteurizada. En este caso, la leche se calienta a 72 grados durante unos 15 o 20 segundos y luego se enfría. Esto mata a la mayoría de los microorganismos dañinos, pero también una buena parte de los beneficiosos. No obstante, no se detienen completamente ciertos procesos enzimáticos y bacteriológicos naturales. Por este motivo, la leche pasteurizada tiene más sabor, pero una menor caducidad (normalmente no más de unos días).
  • Cruda o sin pasteurizar. Todavía muy difícil de encontrar, se está volviendo a poner en valor en fechas recientes. Por ejemplo, esta empresa gallega ya está autorizada para comercializarla. Su duración es ligeramente inferior a la pasteurizada. No obstante, por el riesgo de contaminación por patógenos, es necesario someterla a unos controles muy estrictos. Esto implica realizar análisis de forma continua y garantizar una cadena de frío muy exigente para evitar cualquier riesgo sanitario. Al no haberse calentado de ningún modo, esta leche es la más natural, puesto que no ha perdido ninguna de sus propiedades.

Viendo estas diferencias, la pregunta de si la leche es buena o mala para la salud ya no tiene tanto sentido ya que, dependiendo de la variante que compres, te llevarás a casa un producto muy distinto.

Desde el punto de vista de la salud, siempre y cuando no se vea comprometida por problemas de higiene, la leche cruda es lógicamente la mejor opción. No sólo conserva todas sus propiedades, sino que además procede de animales no estabulados y alimentados principalmente con pasto. Esto implica que tiene también un valor nutricional mucho mayor.

No obstante, esta leche resulta difícil de conseguir, ya que para obtenerla no pueden usarse procesos de cría industriales. El hacinamiento y la alimentación poco natural a base de piensos, habitual en la ganadería intensiva, fomenta el desarrollo de enfermedades en los animales. Esto haría el consumo en crudo de su leche muy peligrosa.

Leche entera, desnatada o fermentada

La segunda cuestión importante que debes tener en cuenta, es el nivel de grasa que contiene la leche que compras. La mayoría de las vitaminas presentes en la leche son del grupo B y por lo tanto liposolubles (disueltas en grasa). Por lo tanto, si consumes leche desnatada a la que se le ha extraído la grasa, no podrás beneficiarte de ellas.

Por otro lado, los lácteos fermentados como el yogur o el kéfir contienen además cepas vivas de bacterias lácticas que resultan muy beneficiosas para la flora intestinal. También se encuentran en el queso fabricado a partir de leche cruda.

Leche ecológica no es igual a leche de pasto

Ahora es ya habitual encontrar leche ecológica en los supermercados. Esta ofrece una serie de ventajas, como que procede de animales que no son alimentados con transgénicos o que se prohibe su engorde con antibióticos.

No obstante, su calidad nutricional dependerá de su forma de presentación y será similar a los tipos ya descritos (UHT, pasteurizada o cruda).

Aunque para los animales de la ganadería ecológica es obligatorio que una parte de su alimentación provenga del pasto, esta sigue suplementándose con piensos a base de cereales y leguminosas. Eso sí, siempre de procedencia ecológica.

Aunque lógicamente la calidad de esta leche es más alta que la de la convencional, no es equiparable a la que procede de una vaca alimentada 100% con pasto.

lácteos

El factor genético

Como hemos visto hasta ahora, la pregunta de si la leche es buena o mala para la salud (o al menos neutral), tiene mucho que ver con su calidad. No obstante, no es el único factor determinante.

También lo es nuestra propia predisposición genética para asimilarla. Es sabido que existen personas intolerantes a la lactosa. Otras no lo son completamente, pero la leche les causa digestiones pesadas y otras molestias gastrointestinales.

Llama la atención que en culturas como las de Europa del norte, donde la leche ha estado presente desde tiempos inmemoriales, el porcentaje de personas que toleran la leche sin problemas se sitúa casi en el 90%. Por el contrario, en otros pueblos sin mucha tradición láctea, el número de intolerantes es muy elevado.

Es cierto que en sociedades que consumen mucha leche, como la europea o la norteamericana, la incidencia de enfermedades como el cáncer, la diabetes o los accidentes cardiovasculares son más frecuentes.

No obstante, culpar de todo ello a la leche sería cuanto menos exagerado. Hay que tener en cuenta que, en nuestra cultura, el consumo excesivo de azúcares, harinas refinadas y grasas trans, así como el sedentarismo y el abuso del alcohol y del tabaco constituyen casi la norma. Estos son factores que seguro que tienen también mucho que ver en estas desfavorables estadísticas.

Curiosamente, pueblos que llevan una vida menos industrializada y que subsisten en gran parte a base de carne y leche de sus animales, tienen una mucho menor incidencia de todo este tipo de enfermedades típicas de las civilizaciones modernas.

¿Será por el tipo de vida sin estrés que llevan o tendrá también que ver la calidad de la leche y de los lácteos (en gran parte fermentados) que consumen? Posiblemente ambas cosas.

Menos leche, pero de calidad

¿Qué conclusiones podemos entonces sacar de todo lo anterior?

En primer lugar, que el hecho de que la leche sea buena o mala para la salud dependerá en parte de nuestra propia genética. En segundo lugar, será también un factor importante la calidad de la propia leche y el tipo de tratamiento a la que se la haya sometido.

Si no eres intolerante a la lactosa, a no ser que exista algún motivo ético o personal, no hay nada que impida que consumas leche en cantidades moderadas. También puede ser una buena idea, que la alternes con bebidas vegetales.

Lo ideal es que sea ecológica y, si te es posible conseguirla, de pasto.

A no ser que tu médico te recomiende otra cosa o te siente muy pesada, sacarás más beneficios nutricionales de la leche entera. Esta conserva todas sus vitaminas liposolubles.

Al decidirte por el tipo de leche, siempre escoge preferentemente la menos procesada. Es decir, de mejor a peor tus mejores opciones serían:

  • Cruda
  • Pasteurizada
  • UHT (la menos recomendable)

En cuanto a los lácteos, inclínate de preferencia por aquellos que están fermentados y no pasteurizados, para que contengan cepas de bacterias vivas. El kéfir es mejor que el yogur porque incluye una mayor variedad de bacterias beneficiosas.

En cuanto al queso, los más recomendables son los elaborados a partir de leche cruda.

Ten en cuenta que estos consejos aplican a adultos sanos y sin intolerancias y a los que su médico no haya desaconsejado el consumo de leche entera (o de leche en general) por algún motivo clínico. Y por supuesto, siempre y cuando adquieras la leche de fuentes de confianza.

En los demás casos y sobre todo en niños de corta edad, siempre convendrá que pidas consejo a tu médico o profesional de la salud.

Siguiendo estos criterios, podrás sacar el máximo beneficio de la leche, sin que tu salud se resienta.

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