Todos sabemos que el azúcar no es un alimento saludable y que, consumido en exceso, puede hacernos más propensos a sufrir diferentes enfermedades. En algunas patologías, como la diabetes o la obesidad, incluso se aconseja evitarlo por completo.

Pero olvidarse del dulce es más complicado de lo que parece y, para muchas personas, supone un sacrificio casi imposible. Por ello, la industria ha creado diferentes sustitutos del azúcar o edulcorantes.

Durante mucho tiempo, productos como la sacarina, la sucralosa o el aspartamo se han considerado como maravillosas alternativas al denostado azúcar. Sin embargo, el mito está empezando a deshacerse como un azucarillo en el café caliente.

Existen cada vez más evidencias de que estos sustitutos del azúcar no son una panacea, sino que hasta podrían tener serios riesgos para la salud.

Demasiado bonito para ser cierto

En una época en la que la popularidad del azúcar caía como el plomo, los edulcorantes sintéticos parecían la alternativa perfecta. Su sabor es dulce, pero no aportan calorías. Además, su índice glucémico es cero.

No es de extrañar que hicieran furor y que hasta los médicos se los recomendasen a sus pacientes diabéticos y obesos. De hecho, muchos todavía lo hacen.

De la mano de estos sustitutos del azúcar sintéticos salieron al mercado toda una legión de productos dietéticos, light y 0%, que los contienen en diferentes formas y combinaciones. Los podemos encontrar en yogures, refrescos, galletas, embutidos o hasta en la pasta de dientes.

Durante mucho tiempo se defendió que su uso era totalmente seguro. No obstante, evidencias científicas recientes no parecen sustentar del todo esta afirmación.

Es más, en muchos casos parecería que los edulcorantes sintéticos estarían provocando justamente aquellos efectos adversos atribuidos al azúcar, que se intentó evitar con su introducción.

Diabetes

Un estudio, llevado a cabo por el instituto Weizmann de Israel, pudo demostrar que los sustitutos del azúcar podían interferir con las funciones metabólicas que regulan la glucosa en nuestro organismo.

En un experimento de laboratorio se les suministró a tres grupos de ratas agua con diferentes sustitutos del azúcar (aspartamo, sacarina y sucralosa), durante once semanas. A un cuarto grupo se le dio agua azucarada, mientras que el quinto sólo recibió agua sin aditivos.

A la finalización del estudio, las ratas alimentadas con edulcorantes tenían el nivel de glucosa en sangre más alto, incluso más que las que habían consumido azúcar.

Curiosamente, también se habían producido cambios en la composición de su flora intestinal. En concreto, en las ratas que se habían alimentado con edulcorantes, la variedad de cepas de bacterias residentes en el intestino se había reducido, a la vez que había una mayor presencia de las de tipo patógeno.

Obesidad

Hemos visto entonces, que los sustitutos del azúcar pueden modificar la composición de nuestras bacterias residentes, aumentando con ello la predisposición a la diabetes.

¿Pero pueden hacernos engordar también?

El profesor Tim Spector, profesor de epidemiología en el King’s College de Londres y uno de los expertos mundiales en flora intestinal, es categórico: «Examinar el ADN de los microbios en nuestro intestino nos dará una predicción mucho mejor sobre si seremos o no obesos, que mirando nuestros propios 20.000 genes».

En su libro «el mito de las dietas», explica la correlación estrecha que existe entre la microbiota bacteriana en el intestino y la obesidad. El doctor, en sus múltiples pruebas clínicas, pudo constatar que una característica típica de las personas obesas era que su flora intestinal era mucho menos variada que la de las personas delgadas.

Además, advirtió también una mayor presencia de tipos de bacterias que habitualmente no aparecían en número importante en individuos delgados. Esto explica, entre otras cosas, por qué una persona puede engordar con la misma dieta, mientras otra no lo hace. Todo es cuestión de bacterias.

Pero parece que esta influencia negativa en nuestra microbiota intestinal no es el único motivo por el que, a la larga, las personas que consumen grandes cantidades de sustitutos del azúcar acaban engordando. Un estudio realizado en 1986, con más de 78.000 mujeres, llegó a la conclusión que aquellas que consumían regularmente edulcorantes tenían más tendencia a ganar peso.

Investigaciones posteriores establecieron la hipótesis de que, al no contener estos sustitutos del azúcar calorías, nuestro organismo se adapta para obtenerlas de otras maneras. Así, tendería a generar más deseos de consumir alimentos ricos en hidratos de carbono (azúcares) y adaptaría determinados procesos metabólicos y enzimáticos para que sean más eficientes para absorberlos. Todo con el fin de extraer más calorías de los alimentos.

Estos cambios también podrían influir en la manera en la que procesamos las grasas.

¿Los sustitutos del azúcar dañan nuestro cerebro?

Una acusación repetida, contra algunos tipos de edulcorantes, es que pueden causarnos daños neuronales. Se sospecha que el aspartamo, uno de los sustitutos del azúcar más utilizados, podría actuar como una «excitotoxina».

Esto significa que, en determinadas cantidades, podría estimular tanto a las células neuronales que estas acaben muriendo. A largo plazo, esto contribuiría al desarrollo de diferentes enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, demencia o esclerosis múltiple.

De momento, estos daños neuronales se han podido probar en animales y está aún por aclarar cuál sería el impacto sobre los humanos.

No obstante, el aspartamo ha sido una sustancia muy controvertida desde el principio, llegando incluso a estar prohibida durante algún tiempo en determinados países. Entre sus componentes está el metanol, un alcohol considerado tóxico y que puede causar ceguera, así como daños a diferentes órganos internos.

La alternativa: Endulzantes naturales

¿Pero si los sustitutos sintéticos del azúcar no reducen los principales riesgos de este e incluso los incrementan, no existe alguna alternativa más saludable?

Parece que la mejor opción son los endulzantes naturales. Al contrario que los edulcorantes sintéticos, estos no se producen por la mezcla de productos químicos en un laboratorio, sino que se obtienen de fuentes naturales, principalmente de vegetales.

Aquí la oferta es muy amplia. Existen endulzantes obtenidos de jugos dulces de plantas, como el azúcar de coco o el de palma. También siropes como el de agave o el jarabe de arce.

No obstante, aunque estos son más saludables que el azúcar refinada, pues conservan algunos minerales y tienen un índice glucémico más bajo, siempre convendrá que los consumas de forma moderada. Ten en cuenta que también se componen, básicamente, de diferentes tipos de azúcares.

Existen, sin embargo, también endulzantes naturales de otro tipo. El más destacado es la Stevia, una planta de Brasil cuyas hojas tienen un gran poder endulzante, cero calorías y un índice glucémico también de cero. Es actualmente considerado como uno de los sucedáneos del azúcar más seguros.

Otra buena alternativa pueden ser los azúcares alcohólicos obtenidos de plantas, que también son muy bajos en calorías e índice glucémico. Los más conocidos son el Xilitol y el Eritritol. Se les considera seguros, aunque consumidos en exceso, pueden provocar irritación intestinal y diarreas.

Y no olvides que también puedes usar frutas dulces como el plátano o el dátil para endulzar tus platos. Aunque también contienen azúcares, estos van acompañados de vitaminas y fibra, que ayudará a que los asimiles más lentamente, limitando los daños a tu salud.

La moderación es tu mejor amiga

Hemos visto pues, que los edulcorantes sintéticos no son buenos compañeros de viaje para cuidarnos más o adelgazar. A la larga, no van a solucionar ninguno de los problemas que nos puede causar el azúcar. Incluso pueden crearnos otros adicionales.

Por lo tanto, es una buena idea utilizar endulzantes naturales, mejor que sintéticos. Pero recuerda que tampoco conviene abusar de ellos, ya que algunos también contienen azúcares o pueden causarte molestias si los tomas en grandes cantidades.

En nuestra sociedad moderna estamos además malacostumbrándonos a que todo tenga que saber dulce. En nuestra creciente adicción por este sabor, cada vez dependemos más de todo tipo de endulzantes. Preferimos las variedades de frutas que han sido manipuladas para contener mucho más azúcar del que tenían en su estado original.

Esto ha modificado nuestros gustos y muchas personas ya rechazan los alimentos ácidos o agrios. Esto es una lástima, ya que precisamente algunos de ellos contienen valiosos probióticos.

Así que es una buena idea que trates de usar menos endulzantes y que los que emplees sean sanos y naturales. De este modo, no someterás a tu cuerpo a una carga excesiva, algo que tu salud agradecerá a la larga.

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