La soja ha sido celebrada, durante mucho tiempo, como una legumbre casi milagrosa. Es la proteína vegetal por excelencia para vegetarianos y veganos. Se ha recomendado también a mujeres con menopausia, ya que contiene isoflavonas y porque fortalece los huesos. Se le han atribuido efectos positivos sobre los niveles de colesterol o incluso propiedades anticancerígenas.

Sin embargo, en fechas más recientes, se está produciendo una corriente inversa que niega algunos de estos beneficios o hasta sostiene que es poco saludable o incluso peligrosa para la salud.

¿Quién tiene razón?

En este post vamos a tratar de analizar algunas de las principales acusaciones que se hacen contra la reina de las legumbres, para tratar de determinar si están o no justificadas.

La soja: ¿un disruptor endocrino?

Una de las acusaciones más repetidas contra la soja es que podría actuar como un disruptor endocrino. Es decir, que en determinadas circunstancias podría interferir con nuestro sistema hormonal. Por ello, algunos críticos afirman que podría incrementar el riesgo de sufrir algunos tipos de cáncer, como el de mama.

Curiosamente, a la vez existen también estudios que le atribuyen un efecto preventivo contra ese mismo cáncer. Al parecer, un consumo regular de soja fortalecería el sistema inmune y en concreto las células T, responsables de combatir al cáncer.

Contiene además lecitina, la cual se ha demostrado que tiene un efecto protector contra el cáncer intestinal.

Por lo tanto, a falta de que se realicen más estudios, no parece que un consumo regular de soja, en cantidades razonables, pueda perjudicarnos.

Sistema tiroideo

Otra afirmación, que se escucha a menudo con respecto a la soja, es que puede causar problemas con las tiroides. Esta acusación se fundamenta en el hecho de que la soja contiene goitrógenos, los cuales pueden causar modificaciones en nuestras glándulas tiroideas, interfiriendo en su correcto funcionamiento.

Es cierto que la soja, si se consume en muy altas cantidades, puede tener estos efectos. Sin embargo, esto ocurre también con muchos otros alimentos considerados saludables. Entre ellos están verduras como las coles o cereales como el mijo.

No por ello los eliminamos de nuestra alimentación, sino que simplemente no los consumimos en cantidades exageradas y los alternamos con otros alimentos. A nadie se le ocurriría alimentarse exclusivamente de coles o de mijo. Todos los alimentos, tomados en exceso y de manera aislada, a la larga resultan perjudiciales.

Antinutrientes

La soja es una legumbre y, por lo tanto, una semilla. Todas las semillas contienen una serie de sustancias cuya finalidad es la de inhibir su germinación hasta que se den las condiciones adecuadas (humedad y calor básicamente).

Como ya vimos en nuestro post sobre los antinutrientes, estos compuestos como el ácido fítico, el oxalato o las saponinas, las contienen muchas legumbres y verduras. Pueden eliminarse mediante el remojo, la cocción y la fermentación. Si bien es verdad que en la soja aparecen mayores concentraciones de algunos de estos antinutrientes, esto no debería preocuparte mucho, ya que nunca la vas a consmuir cruda.

Por ejemplo, para hacer bebida de soja, primero se remoja la legumbre y después se somete a una cocción. También el tofu pasa por ambos procesos. Otros productos, como el tempeh o el miso, se han fermentado previamente.

Alérgeno

Es totalmente cierto que existen personas que son alérgicas a la soja. No obstante, lo mismo ocurre con otros alimentos, entre ellos los cacahuetes, las almendras, el marisco, el trigo (celíacos) o la leche (lactosa). De hecho, existen muchas más personas intolerantes a la leche que a la soja, por ejemplo. No por ello nos planteamos eliminar de nuestra dieta todos estos productos, si no sufrimos una alergia específica.

La soja es indigesta

Como todas las legumbres, la soja contiene fibra no digerible y esto a algunas personas les causa una cierta flatulencia y digestiones pesadas. ¿Eliminarías por ello de tu dieta a todas las legumbres o incluso verduras como la coliflor que pueden tener efectos parecidos? No parecería muy lógico.

Si sufres de digestiones pesadas, puedes consumir preferentemente productos de soja fermentados, que son más digestivos.

La soja es peligrosa para los niños pequeños

Un bebé o recién nacido, debe alimentarse principalmente de leche materna o, si no es posible amamantarlo, con una fórmula especial. Hay que tener en cuenta que la «leche de soja» no es en realidad leche, sino una bebida vegetal. No es, por lo tanto, equiparable a la leche materna, ni por propiedades ni por su composición biológica.

Es de sentido común que no puede ser nunca considerada como un sustitutivo para la leche materna. La soja podrá introducirse en la alimentación del niño más adelante, pero sólo cuando el médico o pediatra lo recomiende.

¿Transgénica y antiecológica?

Dejando a un lado las cuestiones de la salud, un argumento a menudo esgrimido en contra de la soja, es que procede de grandes monocultivos transgénicos establecidos en países del tercer mundo. Estas plantaciones son, en gran parte, responsables de la deforestación, la contaminación del medio ambiente y el desplazamiento de poblaciones indígenas.

Lo cierto es que el grueso de la soja producida de esta manera no se destina al consumo humano, sino a biocombustibles y a la fabricación de piensos para la alimentación animal. El porcentaje de la soja con la que se elaboran alimentos como el tofu y la leche de soja es muy reducido con respecto al total.

Siempre, que sea ecológica, la soja nunca podrá ser transgénica y además, cada vez con mayor frecuencia, procederá de plantaciones europeas. Por lo tanto, esta acusación es del todo injustificada.

Es más, este argumento aplicaría más a los consumidores de carne de ganadería intensiva que a los de productos de soja.

Soja no es igual a soja

¿Habiendo visto como se desmontan la mayoría de los argumentos anteriores, por qué son entonces muchas veces contradictorios los estudios? La clave parece estar en el tipo de soja que se ha utilizado para realizar muchos de ellos.

Se trata en todos los casos de productos de altamente procesados como batidos proteicos o preparados artificiales y a menudo en dosis muy altas. En ningún estudio se valoraba la ingesta regular y moderada de productos como por ejemplo tofu o tempeh.

Es más que probable que estos productos poco naturales usados en lo estudios, sean en buena parte responsables de los resultados poco favorables de algunos de ellos. Tengamos en cuenta que las legumbres, verduras u hortalizas, en su estado natural, incluyen miles de compuestos orgánicos que interactúan entre sí y a menudo ejercen un efecto protector. Por lo tanto, los productos aislados a partir de cualquier alimento nunca serán comparables con este en su estado natural.

Otro factor importante es la manera de procesar el alimento. No es lo mismo una fermentación natural o una cocción suave, que un procesamiento industrial a altas temperaturas o incluso mediante el empleo de productos químicos.

Al igual que no es lo mismo una patata cocida al vapor que una patata frita de bolsa con múltiples aditivos, o un pan de trigo integral que una pieza de bollería industrial, no se puede comparar una ración de tofu natural con un producto de soja texturizada o proteína aislada desnaturalizada y altamente procesada.

Por ello conviene siempre, en la soja o en cualquier otro alimento, consumir el producto en su estado más natural posible.

¿Es entonces la soja saludable o no?

Como conclusión podemos decir que la soja no es radicalmente diferente de cualquier otra legumbre, aunque cada una tenga sus propiedades características. En este caso, aporta proteínas vegetales de buena calidad, además de diferentes vitaminas y minerales.

Por lo tanto, a no ser que pertenezcamos a algún grupo para el que su consumo no sea aconsejable, como alérgicos, niños pequeños o porque lo desaconseje el médico debido a algun cuadro clínico, no existe ningún motivo fundamentado para no incluirla regularmente en nuestra alimentación.

Sin embargo, esto no significa que tengamos que «sojizarnos» y consumir cantidades ingentes de bebida vegetal, tofu y otros derivados a diario. Una alimentación basada siempre en los mismos alimentos, no importa lo sanos que sean, a la larga resulta perjudicial.

Lo saludable es alternar alimentos, lo que además ayudará a que tengas acceso a una mayor cantidad de nutrientes. Esto es muy importante en un mundo donde cada vez cuesta más encontrar alimentos nutricionalmente valiosos.

Lo que sí es aconsejable es que los productos de soja que consumas sean preferentemente naturales, ya sean fermentados o no. Conviene que evites aquellos que están altamente procesados o al menos trates de consumirlos con mucha moderación.

Y recuerda comprar, siempre que sea posible, soja ecológica. Esto garantizará que no sea de origen transgénico y que se haya cultivado de manera sostenible y sin uso de pesticidas químicos.

Siguiendo estas pautas obtendrás los máximos beneficios del consumo de soja, sin poner en riesgo tu salud.

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